Parra-Müller incorpora una visión social en la creación de espacios dignos para partos y nacimientos más saludables, repensando materiales, espacios y formas, incorporando el color, la luz natural, la privacidad acústica y visual…

A través de varios proyectos, se muestra una nueva manera de cuidar a las mujeres y sus bebés que incide directamente no sólo en las vivencias y recuerdos de ellas, sino también en los resultados en salud de los partos y nacimientos que tienen lugar en dichos espacios.

Hablamos con Marta Parra, el 50% de Parra-Müller Arquitectura de Maternidades.

¿En qué momento dais el salto a Arquitectura de Maternidades? ¿Cuál fue el detonante que os llevó a aunar fuerzas?

Lo que tuvimos fue un cambio de chip a raíz de nuestras maternidades, seis experiencias de maternidad totalmente diferentes, muchas de ellas con mucho dolor y medicalización innecesarios que nos hizo sentir que algo pasaba. 

En 2003, desde el activismo, un pequeño grupo de mujeres co-fundamos la asociación El Parto es Nuestro Decidimos empezar a cambiar la manera en que se realizaba la atención al parto en España, muy industrializada, medicalizada, con unos porcentajes de cesáreas inasumibles. y un par de años después nos conocimos Ángela y yo. A nivel de usuario, con grupos de acción de otras mujeres usuarias, nos organizamos para cambiar las cosas y empezamos a hablar con el Ministerio de Sanidad. Finalmente éste nos hizo el encargo de llevar a cabo un documento complementario de la Estrategia de Atención al Parto Normal que se estaba desarrollando para que hablásemos del impacto de los espacios en los lugares de parto, y ahí fue donde por primera vez Ángela Müller y yo comenzamos a trabajar pensando como arquitectas cómo el espacio puede condicionar y qué puede hacer el espacio a favor de un parto saludable, respetado y digno.

¿Cómo y por qué empezáis a diseñar estos espacios? Como el huevo y la gallina… ¿es antes la idea o el encargo?

No hay una gallina y un huevo sino ideas, una necesidad imperiosa de generar una transformación social y un deseo de incorporar la Arquitectura como parte del agente de cambio. Comenzamos a leer, aprender, a generar la necesidad en los hospitales de hacer una transformación en sus espacios, vinculando los resultados con cómo era el espacio, viendo cómo la forma de diseñar los espacios de paritorio se vinculaban con una atención al parto medicalizada, donde se inmoviliza a la mujer, donde el diseño está más pensado para el profesional que para la propia usuaria. 

Intentar hacerlo desde la Arquitectura nos llevó primero a generar un cuerpo teórico muy sólido, visitando muchos países del norte de Europa, viendo otra forma de hacer las cosas, estudiando distintas guías prácticas, etc. para entender el proceso de parto y qué se necesita para que sea saludable. A nivel arquitectura se trata de generar espacios que doten a la mujer de intimidad y seguridad. 

Pero no había ninguna necesidad en ningún sitio de querer transformar los espacios, fuimos nosotras llamando a muchas puertas, contando una y otra vez la importancia de los partos respetados, seguros, saludables… Inicialmente se veía un poco como un capricho, como poner el paritorio bonito, pero no hablábamos de eso sino de un cambio profundo en el que el entorno también impacta y condiciona en el modo de vivir. Si tenemos un paritorio con una cama de parto en el centro, en el que se inmoviliza a la mujer, con todo el espacio alrededor para los profesionales, ocurre un tipo de parto muy diferente al que se da si diseñamos una sala de parto con espacio para moverse, con la cama a un lado, con conexión con el exterior a través de ventanas, con recursos sencillos como el agua a través de una bañera… un equipamiento que ayude a la mujer a sentirse libre y a moverse como necesite.

Nos llevó varios años conseguir el primer encargo. Y cuando sucedió los resultados fueron absolutamente apabullantes y ahí ya fue más sencillo explicar los resultados. Pero el cambio del espacio implica un cambio de mentalidad, un cambio en el “las cosas siempre se han hecho así”, “esto es tema médico”, “estas mujeres ahora lo quieren todo”, “un capricho”… No es una cuestión económica ni de gestión del hospital, sino que se necesita un cambio de mentalidad en un paradigma de parto muy asentado en el que la mujer tiene que dejarse hacer, el parto como acto médico peligroso, no como saludable, y ese enfoque de riesgo de atención al parto se transformaba en espacios que parecían quirófanos. Esto ya está cambiando pero ha costado mucho trabajo.

«Con mujeres y para las mujeres, hemos desarrollado esta revolución del diseño de paritorios que definitivamente ha cambiado el modo de hacer las cosas en España, y también lo estamos transformando en otros países de Latinoamérica como México, Colombia o Perú»

¿Cuál fue el principal reto al que os enfrentasteis a la hora de sacar adelante esta idea?

La resistencia al cambio de muchas personas que llevan toda la vida trabajando de una manera, basado en un sistema autoritario, de eso siempre se ha hecho así, dar con profesionales que están dispuestos a “desaprender” a actualizarse con la evidencia científica más reciente, y no de hoy sino de los últimos 20 años, que vamos muy atrás en España y aprender que hay otra manera de atender los partos desde un enfoque más fisiológico, saludable, holístico, integral, que tiene que ver con que el parto no es solamente un proceso médico sino un viaje físico, emocional, psicológico, neuronal, casi social… de la mujer y del bebé. Toda esta manera de entender el parto lo saca de la esfera médica y hay resistencias a que esto se entienda así, como algo más que un acto médico controlado. Ese es el gran reto que tenemos. 

¿Cómo es el proceso de trabajo? ¿Qué partes involucráis en el proceso y cómo? 

Nuestra manera de trabajar es un poco atípica porque nuestro conocimiento no era científico ya que había muy pocas cosas escritas sobre los espacios de parto sino empírico: el diseño basado en la experiencia de cientos de mujeres que nos han contado sus partos, hemos aprendido de las necesidades de las usuarias principales. Cuando escuchamos a cientos de mujeres, el cuerpo de conocimientos se clarifica, condensa y se solidifica de una manera mucho más fuerte Y así es como lo hicimos. 

Comenzamos desde el activismo y el conocimiento que traíamos de fábrica, así que ha sido ir incorporando y analizando desde lo macro hasta lo micro cualquier detalle, influencia, olor, tacto, recorridos, entradas, salidas, la lectura audiovisual de todos los elementos que pueden afectar a la mujer y al resto de usuarios…

Por otro lado, en este camino que transitamos desde 2003 en El Parto es Nuestro hemos contado también con el acompañamiento de matronas expertas en el factor fisiológico y nos han dado su experiencia. Cuando abordamos un proyecto preguntamos al equipo de profesionales, a las usuarias y familiares…, antes y después, cómo ha funcionado, y eso nos va dando un conocimiento muy amplio y veraz de lo que tiene que tener el espacio para propiciar esa intimidad y seguridad que necesitan las mujeres de parto.

Vemos colores cálidos, luces tenues en vez del blanco hospital… ¿En qué os habéis inspirado? ¿Tenéis alguna regla en cuanto a la elección de materiales?

Buscamos un entorno que la mujer haga suyo, que comprenda, deshospitalizado, que la conecte con lugares y materiales domésticos que ella reconozca, por eso utilizamos la madera, colores tenues que tienen que ver con entornos naturales suaves, tranquilizadores. Buscamos que la temperatura de contacto de los materiales sea la adecuada, se necesita calor y materiales naturales que conecten a la mujer con la parte más mamífera. Todo lo que tiene que ver con el estrés, con lo racional, el “nombre y apellidos, por favor” desconecta a la mujer con el parto.

Entornos naturales, domésticos, que dentro del hospital estén todos los instrumentos necesarios médicamente pero que no se vean, con rincones, penumbras, con lugares donde poder tumbarse, sentarse, esconderse, llorar, moverse, poder gritar sin mirar afuera, con una absorción acústica… todos estos elementos naturales la van a ayudar. En definitiva, desde este enfoque, se trata de generar espacios donde la mujer se sienta tranquila, segura y cuidada; el espacio como tercer cuidador. 

«Hemos aprendido a poner en el centro a cualquier persona que necesita cuidado a través del espacio. Hemos transformado el espacio de hospitales oncológicos, los búnkeres de radioterapia, salud mental… El arco es inmenso y la capacidad que tienen el diseño y la arquitectura para impactar en el bienestar de las personas es también muy amplio»

Parece que la mayor parte de estos trabajos proceden de la iniciativa privada, ¿habéis realizado o tenéis proyectos de futuro en esta línea con iniciativas públicas?

Hemos trabajado en ambos sectores con experiencias muy positivas. Como he mencionado anteriormente, el problema no es el monto económico sino el cambio de mentalidad. Es más caro equipar salas de paritorio tipo quirófanos que salas de parto fisiológicas. A pesar de que se dice que parecen salas de partos de clínicas privadas, algunas lo son y otras no. En hospitales públicos como el de Algeciras, Getafe o el 12 de Octubre de Madrid hay ejemplos de proyectos que hemos desarrollado de transformaciones obstétricas. 

En 2017 recibisteis el “Óscar” del diseño sanitario internacional, el IIDA en la categoría Maternidades Hospitalarias por vuestro diseño de unidad de parto en el Hospital Universitario HM Nuevo Belén de Madrid, ¿qué supuso para vosotras? ¿Fue un trampolín internacional?

El premio lo ganamos con un proyecto pequeño pero realmente transformador: no era una cuestión de decoración sino de transformar el concepto del área de partos. Después de muchos años intentando en España estos proyectos, sí fue un espaldarazo internacional y a partir de entonces ese concepto de ‘esas niñas que hacen paritorios a capricho’ se transformó en mujeres que hacían proyectos que generaban más salud y más dignidad para las mujeres.

Y la última, ¿en qué proyecto estáis embarcadas ahora?

Conjuntamente con Virai estamos trabajando en otras áreas de espacios humanizados hospitalarios. Así, estamos desarrollando el centro de día de personas afectadas por ELA en el hospital Zendall de Madrid, un lugar pionero e innovador pensado para sus necesidades. También trabajamos en un prototipo de casa de parto vinculada al hospital con una repercusión altísima en toda la red de hospitales públicos y en la que la atención al parto será bajo los criterios que desde hace 15 años difundimos desde Parra-Müller. Asimismo estamos llevando a cabo proyectos en hospitales oncológicos de día y residencias de mayores, inventando cómo tienen que ser los espacios en los que las personas mayores pasen los últimos meses o años de su vida, de manera que cerramos el círculo de espacios dignos desde el nacimiento hasta el final de la vida. 


Foto principal: El espacio de la bañera obstétrica en una de las salas de parto de la Unidad del hospital HM Nuevo Belén, Madrid.